Las oportunidades se deben aprovechar

Tiene la fuerza de un roble y la vitalidad de un niño. Aprovecha cada oportunidad que le da la vida y todo lo asume como parte de un aprendizaje. Tenía 25 años cuando falleció su papá y, como hermana mayor, tuvo que hacerse cargo de los negocios para sacar adelante a su familia. Trabajaba sin descanso y eso la fortaleció. Practicaba básquet a nivel competitivo y eso le dio disciplina. Hizo una maestría en Europa y ahí valoró el darle un balance a su vida.

Margorie Scander es gerente de Ventas Corporativas en Derco, administradora por la Universidad de Lima y madre.

¿Recuerdas cuál fue tu primer trabajo?
Sí, Derco, donde ahora estoy. Es una empresa que ha crecido mucho. Cuando yo empecé aquí, hace 15 años, vendía 70 carros al mes; hoy vende 2.200 en ese mismo lapso. Tenemos motos, vehículos ligeros, camiones desde 2 hasta 10 toneladas y maquinaria amarilla (línea JCV). También vendemos seguros, GPS, accesorios para carros y tenemos una red de concesionarios.

¿Cuáles eran tus funciones cuando recién empezaste?
Hacíamos de todo. Yo era chiquilla, egresé a los 21 años de la Universidad, y si faltaba una modelo que manejara el carro para un comercial, yo lo hacía; recuerdo que hasta repartíamos volantes, nos tocaba hacer de todo, era como una empresa familiar, todos nos apoyábamos.

¿Qué cambios grandes has podido ver en la evolución de Derco?
Antes, la red de concesionarios tenía 7 sedes a nivel nacional, ahora estamos en todos los departamentos y con las 8 marcas. De las 70 personas que antes trabajábamos, ahora somos cerca de 900, nos ha ido bastante bien. Como grupo automotor, somos el cuarto que más vende en el Perú y varias de nuestras marcas están en el top 10.

¿Por cuántas áreas de la empresa has pasado?
Por varias, pero no he estado en Derco todos estos años. He tenido salidas y dos reingresos. La primera vez que salí fue porque mi papá falleció. Nosotros somos chiclayanos y mi papá tenía negocios allá, yo era la hermana mayor y tuve que hacerme cargo de los negocios familiares. Ahí aprendí sobre agroexportación y hotelería. Mi papá era el gerente general de un hotel de 90 habitaciones y 7 pisos, tenía 2 socios que también son familiares. Yo fui a asumir la gerencia de Administración y Finanzas, a mis 25 años. Tuve que especializarme y ver lo que se necesitaba para manejar muchas áreas. Por otro lado, teníamos chacras y exportábamos mangos, así que viajé a Europa a buscar clientes. Me contacté con mucha gente y aprendí mucho. Tuve que madurar rápidamente y sacar a mi familia adelante. También trabajé en la Cámara de Comercio de Lambayeque.

Te iba bien, ¿por qué no continuaste con el negocio familiar?
Tenía casi 27 años y llevaba una vida demasiado seria. Mi papá falleció y no me di el tiempo para llorar, meditar y recuperarme. Simplemente no pude, trabajaba de lunes a lunes, llevaba el ritmo que tenía mi papá, pero yo era muy joven, así que en cuanto pude decidí regresar a Lima a buscar otra cosa en que ocuparme.

¿Vendieron los negocios?
Alquilamos el hotel a una empresa de casinos y yo entré a trabajar al diario El Comercio, como jefa de producto; ahí estuve ocho meses. Seguía manejando el negocio de agroexportación desde Lima, básicamente por campañas.

¿Cuándo regresaste a Derco?
Estando en El Comercio, quise comprarme un carro, así que vine a conversar con mi antiguo jefe, quise saber si me podían dar un descuento, que yo sabía que daban a trabajadores y extrabajadores. Él me dijo que podía darme un descuento especial y, de hecho, me dio uno de colaborador, pero con la “condición” de que regresara. Derco había traído una marca china y me ofreció la gerencia de esa marca. Me encantó la idea, la propuesta salarial y el trabajo que me tocaría hacer, porque me iba a mantener ocupada, tenía que encargarme de varios aspectos, precios de importación, modelos que se debían traer, ventas, coordinación con jefes, capacitación de vendedores, finanzas, marketing; todo lo que yo había hecho en Chiclayo, pero con más soporte.

¿Y por qué saliste de la empresa?
Yo estaba muy contenta en Derco y tenía muy buenos resultados, debo decirlo. Pero sucedió algo singular. Un día, estaba tomando clases de surf en la Costa Verde, me vio mi exjefe de El Comercio, Pedro José de Zavala, y me pasó la voz. Conversamos un rato y me preguntó por la maestría que yo había querido hacer, en España, antes del fallecimiento de mi papá. Yo ya había olvidado el tema y él me dijo: “Ya no la vas a hacer”, y me lo repitió algunas veces. Me sentí retada y, como soy muy competitiva, esa misma tarde averigüé todo acerca de la maestría. Luego postulé a una beca y me resultó, así que renuncié a Derco y me fui a España, a estudiar un MBA en el Instituto de Empresa (IE) de Madrid.

¿Cómo te fue allá?
Fue una de las mejores experiencias de vida que he tenido. La maestría fue excelente, pero sobre todo aprendí e interioricé algo muy valioso: que no todo es competencia y trabajo, que debe haber un balance en la vida. Eso era algo que yo no tenía. No fue mi intención ser una alumna destacada en España, sino cambiar de ambiente, ver otras cosas, hacer algo diferente, relajarme, pero sin perder el tiempo, sino estudiando. En España conocí a mucha gente de otras culturas, viajé, salí mucho, a bailar, a divertirme, jugué básquet, hice grandes amigos con quienes todavía me mantengo en contacto. Finalmente, salí entre las siete mejores del MBA, aunque no era mi objetivo. Aprendí muchísimo, fue una rica experiencia.

¿Al regresar, volviste a Derco?
Sí. Habría querido quedarme a trabajar un tiempo en España, pero justo en ese momento el país estaba en crisis, ni los españoles conseguían trabajo fácilmente. En ese momento, recibí una propuesta de Suzuki, y yo siempre he pensado que las oportunidades se deben aprovechar, así que volví, para asumir el puesto de gerente comercial. No tuve vacaciones, vine de frente a trabajar, estuve tres años y medio en el puesto y me fue bastante bien. Luego Derco me ofreció ser gerente de Red de Concesionario. Era un puesto que demandaba viajar mucho, cuatro veces por semana, y me encantaba. Luego me ofrecieron gerenciar un canal nuevo, el corporativo.

¿Cómo lo asumiste?
Me cayó como anillo al dedo, yo había salido embarazada y fui mamá hace año y medio. En este puesto no necesitaba viajar tanto. Pero también fue un reto para mí. Derco había intentado varias veces hacer un canal de ventas corporativas y no tuvo éxito. Vendíamos 28 carros mensuales, así ingresamos a esta área, pero este mes hemos logrado vender 110, un gran avance en solo un año y medio. Y tenemos para muchísimo más.

¿Cómo lo has logrado?
Con mucho trabajo y un nuevo enfoque. Visitamos empresas con flotas o que tienen potencial para tener una, y les ofrecemos todo el portafolio que tenemos. El beneficio para las empresas es que tienen un solo contacto y un proveedor que les da todos los modelos que necesitan. Y una vez que les vendemos el carro, no acaba todo ahí: recién empieza nuestra relación comercial, ya que no los podemos descuidar. Eso es fundamental. Atendemos todas sus necesidades de cerca durante la posventa. Ya que conseguir un cliente corporativo no es fácil, seguimos colaborando con él después de la venta, ofreciéndole ayuda y soluciones para todo. Nos va bastante bien, hemos crecido muchísimo en poco tiempo. Viajo menos que en el trabajo anterior y es ideal, porque le dedico tiempo de calidad a mi hijo, y practico deporte, que es indispensable para mí, porque me activa mucho.

Has aprovechado cada una de las experiencias de tu vida, todo te ha servido para aprender.
Es que todo lo que te pasa en la vida es para algo. Nada es gratis, en algún momento lo tendrás que usar y necesitas estar atento para saber cuándo hacer uso de eso que aprendiste y cómo aprovechar cada cosa. Hasta en los momentos de dolor y de tristeza, si no aprendes, la vida te vuelve a hacer pasar el mismo examen, hasta que apruebes.

¿Qué recuerdos guardas de tu paso por la Universidad de Lima?
Increíbles. Lo que más valoro son las amistades que hice, realmente, y son excelentes contactos. Yo me juntaba con un grupo de chicas muy estudiosas, recuerdo las amanecidas en la casa de alguna para estudiar o para entregar un trabajo. Somos amigas para toda la vida. También tengo mi grupo del básquet, yo tenía una beca en la Ulima, porque jugaba básquet y representaba a la Universidad, viajé muchísimo con mi grupo del básquet de la Universidad, incluso nos fuimos a China. Y somos amigas íntimas, no hay poses en ese grupo, todas nos conocemos en piyama y con la cara sudada y nos aceptamos imperfectas como somos, eso es bonito. También creo que el deporte me ha formado, me ha dado disciplina y fuerza, me permite acomodarme a todo, yo no me hago problema para nada, los viajes del básquet a veces eran en bus y otras veces en avión, nos podía tocar un hotel lindo, como uno no tan lindo, y eso nunca nos importaba. Todo eso también te forma. Y, obviamente, valoro todo lo que aprendí en la Universidad, porque fue mi base para ir a otros lugares. En la maestría no tuve ningún problema académico: aunque era una escuela muy exigente, yo estaba preparada para afrontar esa exigencia académica.